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viernes, 20 de julio de 2012

Mermelada y Casas



Nuevamente Colombia transita por una difícil situación de miedo y desconfianza que se creían superadas, que desafortunadamente sufrimos hace 10 años y más. Toda una labor exitosa de Seguridad Democrática, fue destruida en apenas dos años de desaciertos y equivocaciones. Los tres pilares de la democracia se amangularon para repartirse prebendas y beneficios. Dilapidando la herencia dejada por el anterior ministro de economía del gobierno de Álvaro Uribe, el admirado y exitoso Óscar Iván Zuluaga.

En el campo Internacional, Juan Manuel Santos delata un afán fotogénico, en sus constantes paseos y viajes que programa con tal de figura como líder de paz. Las relaciones internacionales se han manejado en forma meliflua aliada a las políticas del tirano de al lado, que tiene un peligroso proyecto expansionista. Las relaciones internacionales hoy son vergonzosas; la foto y amistades del gobierno anterior era con los presidentes de Estados Unidos e Inglaterra; hoy son con presidentes de países donde la democracia es muy cuestionable, y peor aún, países que tienen vínculos con grupos terroristas, incluyendo FARC y ELN, para señalar únicamente los colombianos; terroristas estos que tanto daño le han hecho a nuestra nación.  

Pero el problema no queda ahí, las instituciones recelan unas de otra. El ejército está maniatado por la jauría izquierdista que los denuncia injustamente ante el beneplácito del presidente que se ufana de tener la llave de la paz. Todo gracias a que el gobierno junto al congreso, algunos magistrados y el Fiscal General de la Nación, impulsaron el Marco Jurídico para la Paz, una ley en que no solo deja espacios para que narco terroristas tengan impunidad y participen en política, sino que iguala a nuestras muy respetadas Fuerzas Militares con los terroristas. Actos que repudiamos todos los colombianos de bien, y sospechan que al igual que la malograda Reforma Constitucional a la Justicia, ésta ley tiene colgada toda una manada de simios. 

Para completar la manguala, el país asiste perplejo a la feria populista que día a día nos presenta el presidente y varios de sus ministros estrellas. El mejor ejemplo es Germán Vargas Lleras que impulsa una ley de viviendas para regalar 100 mil casas a los más pobres del país. Aunque el dinero de esas casas saldrá de los bolsillos de todos los colombianos que pagamos impuestos, el ministro con discurso eufórico lo muestra como una gran labor social. La ley colombiana prohíbe repartir bienes de la nación, pero eso no le importa al ejecutivo; además, este acto es rechazado por expertos internacionales que tildaron la iniciativa como populista y poco pragmática par nuestra sociedad; vamos por caminos azarosos del socialismo del siglo XXI.  

Entramos nuevamente a la incertidumbre de la década de los 90, perdimos el rumbo y crece la desconfianza. Hoy la gran mayoría de los colombianos aprobamos la excelente labor de nuestras Fuerzas Militares, pero somos conscientes de que el liderazgo político de la última década se ha perdido. Este gobierno no sólo es de puro "pan y circo" sino que lo transformó en la muy populista "mermelada y casas” que conllevará a resultados nefastos para Colombia.

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