Un espacio donde se discutirá sobre temas políticos Colombianos e internacionales, buscando mas participación ciudadana y crear conciencia para un mejor futuro.

viernes, 7 de julio de 2017

Colombia Define Su Futuro

Colombia está atravesando quizá uno de los momentos más inciertos jamás recordados. No sólo por el nefasto acuerdo del Presidente Santos y el grupo narcoterrorista de las Farc; sino también por la realidad económica, social y política de toda la nación. El país perdió completamente su norte, no tiene un comandante en jefe que lo guíe hacia la prosperidad, se acerca cada vez más a un modelo peligroso como el venezolano y los ciudadanos aturdidos con tantos problemas están perdiendo completamente la esperanza.

Juan Manuel Santos, según la última medición de la encuestadora Yanhaas tiene 12% de aprobación, mínimo histórico y la más baja del continente. La desconexión del Premio Nobel con la población es descomunal. Su vanidad lo ha llevado a olvidarse por completo de los millones de ciudadanos que trabajan honradamente día a día, mientras dedica su tiempo únicamente para complacer al grupo narcoterrorista de las Farc y a perseguir a la oposición democrática con infamias judiciales.

A esta crisis se le suman problemas como el aumento de cultivos ilícitos y la extorsión, la informalidad laboral, dificultades en materia de educación y salud, falta de inversión, bajo crecimiento económico, y actos terroristas en la capital del país. ¡Santos está permitiendo que Colombia se caiga a pedazos!

A pesar de esto, no todo está perdido, con gran fortuna nuestro país cuenta con líderes de gran talante democrático que quieren salvar la nación, llevarla por un camino de legalidad y prosperidad, donde los ciudadanos vuelven a creer en sus instituciones y en el país. Se debe reconocer públicamente el patriotismo de Álvaro Uribe Vélez, quien ha dedicado sus días a protestar categóricamente contra los desmanes del Presidente Santos, pero también a plantear propuestas para tener una Colombia distinta, la que la gran mayoría de nosotros soñamos.

La esperanza está depositada en la gran coalición que lideran los expresidentes Uribe y Pastrana, donde se definirá el candidato único a la Presidencia que lleve al país una propuesta concreta para la modificación de los acuerdos con las Farc, y un plan de gobierno que haga que Colombia vuelva a caminar por el camino del éxito, tal como lo hizo durante el gobierno de la Seguridad Democrática (2002-2010).

Se espera un candidato que interprete los deseos e intereses de la mayoría de los connacionales, pero sobretodo que gobierne a favor de todos. Un próximo presidente que haga que en nuestro país reine el imperio de la ley, que se preocupe por los más necesitados y le brinde la oportunidad a los emprendedores a generar riqueza. Una Colombia que se una a combatir el terrorismo, la desigualdad y la corrupción.

Después del robo a Óscar Iván Zuluaga en las elecciones del 2014, tenemos el próximo año nuevamente la posibilidad de construir una Colombia distinta. Ojalá esas banderas de la recuperación de la Patria de la coalición Uribe-Pastrana las vuelva a asumir el Doctor Zuluaga, un hombre que tiene todos los pergaminos, el reconocimiento nacional, la valentía y liderazgo para sacar al país del mar de zozobra en el que está sumergido.

El 2018 es el año para devolver la esperanza a todos los colombianos o de sucumbir en los intereses perversos de Santos y las Farc. 



Publicado en El  Heraldo de España - Julio 1, 2017

viernes, 2 de junio de 2017

Diplomacia que Agoniza

Las relaciones diplomáticas de los estados latinoamericanos han estado marcadas por sus políticas cambiantes y reaccionarias a realidades de cada gobierno de turno. Colombia ha sido un ejemplo de dinamismo político internacional, donde la diplomacia se ha enfocado en interés políticos partidistas y no necesariamente en los intereses nacionales. Es por ello, que la gran potencia mundial nos reconoce como su importante aliado de la región, pero realmente pocas veces hemos tenido peso en posiciones políticas mundiales de gran trascendencia.

Colombia tuvo una exitosa década donde el Presidente Álvaro Uribe Vélez estrechó lazos con los Estados Unidos; las relaciones entre los dos países iban más allá del tema de narcóticos y guerra contra el terrorismo, se avanzó de manera importante en los temas de intercambio comercial, cultural y educativo, pero también se afianzó en la defensa de los valores democráticos, los derechos humanos y la democracia.

Hoy por el contrario el escenario de Colombia con sus relaciones internacionales es muy preocupante. Tras la más reciente visita del Presidente Santos a su homólogo de los Estados Unidos, Donald Trump, se notó un cambio sustancial en la política de los Estados Unidos a Colombia. Se ha retrocedido y da la sensación de que la agenda entre los dos países está marcada únicamente en el tema de la lucha contra el narcotráfico, esto debido al desastroso resultado del gobierno de Santos en la lucha contra las drogas, donde se calcula que hoy existen más de 200.000 hectáreas sembradas de cocaína en el país contrastadas con las 48.000 en el año 2012. 

Adicionalmente, la posición de los Estados Unidos en contra de la dictadura de Nicolas Maduro y el esfuerzo enorme para luchar contra el terrorismo y las drogas en todo el mundo, marca una distancia notable entre posiciones políticas de Santos y Trump. Generando un enorme desafío para Santos pues ha sido evidente el apoyo y complicidad de él con Maduro y  su responsabilidad en el proceso de impunidad con las Farc.

Aunque cualquier país del mundo apoyaría una iniciativa de paz en países donde existan conflictos, y los Estados Unidos con la administración de Obama apoyaba los diálogos de Cuba entre las Farc y Santos; Trump está conociendo a fondo el acuerdo, el cual fue rechazado por el pueblo colombiano, pero el gobierno Santos lo está implementando de manera ilegal, pisoteando la Constitución Política. Esto hará sin duda, que la posición de los Estados Unidos sea más dura y compleja para Colombia.
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Las relaciones entre ambos países deberían estar marcadas bajo una política amigable, donde las prioridades deben ser la cooperación comercial, la promoción de la justicia y la democracia. No debe caber la menor duda que los Estados Unidos serán exigentes con el gobierno colombiano en el obligatorio cumplimiento de justicia a los narco terroristas de las Farc, quienes hoy controlan el negocio de las drogas y han derramado tanta sangre. La preocupación está en la posición tomará Juan Manuel Santos su último año de gobierno tras siete largos años de apoyo a gobiernos socialistas de la región y un notorio alejamiento al gran aliado histórico, los Estados Unidos de América. 

Publicado en El  Heraldo de España - Junio 1, 2017


Colombia y Venezuela

Defensores de la democracia, la libertad, los Derechos Humanos y la paz, se han unido para exigir en Venezuela un cambio inmediato y salir del régimen nefasto del Socialismo del Siglo XXI que representa hoy Nicolas Maduro. Incluso, muchos colombianos hemos elevado nuestra voz para que se aplique la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos  y no se siga violentando en contra de los ciudadanos que pacíficamente están en las calles protestando.

Pero la crisis venezolana, que cada día nos aterroriza más, tiene un ingrediente que genera mucha preocupación a los colombianos, y es la similitud de los problemas.

Y no es para menos, es claro que el gran aliado de la región de las Farc es Nicolas Maduro, quien además de albergarlos desde hace años cuando eran buscados por nuestras Fuerzas Militares para capturarlos, hoy en día son los principales aliados políticos armados del régimen venezolano en Colombia. Incluso, la ayuda trasciende al nivel económico con los ya bien conocidos nexos de tráfico de drogas entre las Farc y militares de alto rango en Venezuela. Esas Farc que hoy reciben indulto y tratamiento especial por el gobierno de Juan Manuel Santos.

Venezuela tiene hoy a su máximo dirigente preso injustamente, Leopoldo López es un perseguido de manera infame por el régimen de Maduro. Además, hay cientos de opositores encarcelados, con juicios e inhabilitados. Igualmente pasa en Colombia, donde el aparato judicial es utilizado por el gobierno de turno para perseguir a la oposición democrática encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, y judicializando de manera infame a los contradictores más importantes como Óscar Iván Zuluaga, Andrés Felipe Arias, Luis Alfredo Ramos, entre otros.

El régimen venezolano cierra canales de televisión, censura la prensa que cuestiona las acciones del gobierno, amordaza periodistas que valientemente comunican la realidad de Venezuela. Por otro lado, Juan Manuel Santos abiertamente culpa a los medios de comunicación por el pesimismo que los colombianos tienen hoy con el futuro de su país; incluso pide a los empresarios que hablen con los medios de comunicación para que moderen lo que comunican a los ciudadanos.

La crisis económica en Venezuela se debe a la falta de inversión privada, tanto nacional como extranjera. En Colombia los indicadores son alarmantes, la inversión ha caído dramáticamente empezando a generar una preocupación generalizada en temas económicos.

Finalmente, el debilitamiento de la institucionalidad en Venezuela es evidente, sus instituciones son controladas en su totalidad por el ejecutivo, generando claramente un golpe democrático a quienes con su voto han exigido un nuevo liderazgo. El ejemplo más claro es el desconocimiento a la Asamblea Nacional, la cual fue disuelta de manera abrupta, dando un golpe de estado. Colombia, no está alejado de un problema similar. El presidente Santos, desconoció de manera descarada e ilegal el resultado del plebiscito del pasado 2 de octubre de 2016. El hecho evidencia la clara intención de desconocer la voluntad del pueblo e imponer a como dé lugar los intereses del mandatario que hoy tiene un respaldo popular similar o quizás más bajo que del dictador Nicolas Maduro.

Pero, hay una similitud entre Venezuela y Colombia que se debe resaltar. Es la voluntad del pueblo para salir a la calle a exigir un cambio inmediato de gobierno. El pueblo colombiano marchó de manera exitosa el 1 de abril, mientras que el venezolano se concentró durante varios días del mes de abril, pero especialmente tuvo una multitudinaria marcha el día 19, donde exigió la renuncia de Maduro y un llamado a nuevas elecciones.

Colombia y Venezuela son países hermanos, comparten costumbres y tradiciones, pero hoy también comparten el desafío de defender la democracia y la libertad que está siendo violentada por los presidentes ilegítimos de cada nación. La única forma de lograr el cambio es mantenernos unidos, protestar de manera pacífica y presentarle a nuestros connacionales una propuesta de cambio para lograr una Venezuela y una Colombia distinta.



Publicado en El Heraldo de España - Mayo 1, 2017


jueves, 1 de junio de 2017

Marchar Para Cambiar

Hace cien años se llevó a cabo una de las protestas pacíficas de mayor impacto en los Estados Unidos, fueron miles de mujeres que por más de seis meses salieron de manera organizada a concentrarse diariamente frente a la Casa Blanca. Unas mujeres valientes que exigían al Presidente Thomas Wilson el derecho a votar. Solamente un año más tarde,  después de cambiar de postura el Presidente, el Congreso Estadounidense discutió y posteriormente aprobó la enmienda 19 a la Constitución, que prohíbe la discriminación de voto por razón de sexo.

En 1930, Mahatma Gandhi inició en la India una caminata de 390 kilómetros para protestar en contra el Imperio Británico. Este acto, conocido como la marcha de la sal, duró 23 días donde miles de jóvenes y demás ciudadanos se unieron de manera pacífica. Fue el comienzo de una larga lucha de 17 años para que la India obtuviera su independencia.

En Sudamérica se han presentado movimientos similares en las últimas dos décadas. Para destacar, ciudadanos de Venezuela, Ecuador, Brasil y Colombia han salido a las calles a protestar en contra de gobiernos, leyes, violencia o grupos terroristas. Tanto en Ecuador como Brasil las protestas que han llevado a la caída de presidentes. En Venezuela, millones han salido, en repetidas ocasiones, a marchar en contra de la dictadura del nefasto Socialismo del Siglo XXI; marchas que incluso el régimen ha utilizado para llevar a la cárcel a quienes promueven pacíficamente la manifestación en la calle en contra de la dictadura. Un bravo pueblo venezolano que tiene como lema “el que se cansa, pierde”.

Colombia por su parte, marchó en contra del grupo narcoterrorista de las Farc el 4 de febrero de 2008, una marcha sin precedentes en la historia de Colombia que hoy recordamos con patriotismo miles de ciudadanos que nunca nos doblegamos ante el terrorismo sanguinario de las Farc. También marchamos el 2 de abril de 2016 en contra de las negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y los terroristas de las Farc. Y el pasado 1 de abril marchamos porque teníamos mil razones más para marchar por Colombia y salvar nuestra democracia.


El mundo de hoy exige más que un discurso, una actitud; es por ello que los ciudadanos nos debemos unir para defender la democracia, las libertades, los derechos humanos, rechazar el abuso de gobernantes, y ondear la bandera de nuestros países para que se mantenga el Estado de Derecho, el respeto a la justicia y lograr una paz real. 




Publicado en El Heraldo de España - Abril 1, 2017

Colombia y la Era Trump

Ha iniciado la era Trump para los Estados Unidos de América y el mundo. Sin lugar a dudas, el multimillonario empresario llegó a la Casa Blanca con un discurso centrado en el bienestar y progreso del pueblo norteamericano, con el principal propósito de consolidar nuevamente a los Estados Unidos como potencia mundial.

Y no es para menos, el legado internacional de Obama deja mucho que desear, principalmente para quienes creemos en la libertad, el orden y la democracia en nuestros pueblos. Obama, se alejó de aliados históricos como Inglaterra e Israel para buscar alianzas con gobiernos dictatoriales como el cubano y como consecuencia Estados Unidos dejó de tener un papel protagónico en el orden mundial y perdió el respeto que se le tenía internacionalmente ante la benevolencia con las tiranías.

Aunque aún existen dudas sobre el enfoque que le dará Donald Trump a la política internacional, lo que sí se puede asegurar es que la lucha contra el terrorismo, las tiranías y las drogas será frontal. Además, ya ha expresado su Secretario de Estado, Rex Tillerson, la búsqueda decidida para la transición a la democracia en Venezuela; algo que repercute directamente a Colombia y a las Farc, grupo narco terrorista aliado con la dictadura de Maduro.

El cartel de drogas más grande del mundo, debe tener enormes preocupaciones por la llegada de Trump a Washington, más aún con los últimos reportes de La Oficina de la Casa Blanca de la Política Nacional para el Control de Drogas, donde se evidencia un significativo aumento de los cultivos de cocaína en nuestro país, superando la línea de doscientas mil hectáreas (record histórico) y la consideración del narcotráfico como conexo al delito político, derivado precisamente del mal acuerdo firmado por Juan Manuel Santos y las Farc.

Adicionalmente, Estados Unidos revisará con detenimiento la justicia paralela procedente de los acuerdos con las Farc, donde responsables de crímenes de lesa humanidad recibirán impunidad total. Este grupo de criminales que hoy son pedidos en extradición por la justicia norteamericana por delitos atroces, no pagarían un solo día de cárcel y podrían acceder a cargos públicos, algo que un presidente con mano dura como Donald Trump no lo verá con buenos ojos.

Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos tendrán que avanzar con una diplomacia responsable y sincera. Dejando atrás precisamente las artimañas a las que nos tiene acostumbrado Santos al tener un discurso internacional diferente a lo que dice y pasa realmente en el país.

Es por ello que es responsabilidad de los líderes democráticos que tiene Colombia y los que vivimos en Estados Unidos, recordarle al gobierno de Donald Trump que nuestro país votó mayoritariamente por el NO en el plebiscito el pasado 2 de octubre en contra de un mal acuerdo, y que lo firmado 40 días después no incluyó los cambios de fondo que exigió el pueblo, además, señalar que Colombia está en una crisis política, social y económica debido a un corrupto gobierno de Juan Manuel Santos.

Con la llegada de Donald Trump al poder el nuevo orden mundial cambió drásticamente, es tiempo de alianzas entre gobiernos democráticos, que respetan los Derechos Humanos, la libertad y la justicia. Colombia, bajo el gobierno Santos, tiene serias dificultades para afianzar esa cooperación con los Estados Unidos. Sin embargo, nuestro país tiene la oportunidad histórica de que el péndulo vuelva a girar a la derecha y la subida certera al poder en el 2018 del Centro Democrático permita volver gozar una democracia admirada, una economía prospera, una confianza internacional sólida y un respeto impecable de la justicia.

Esta es la única forma que Donald Trump y los Estados Unidos vuelvan a tener confianza con su aliado histórico del continente.



Publicado en La Tribuna Col-US - Enero 30, 2017
http://latribunacolus.com/opinion-1/colombia-y-la-era-trump/

viernes, 14 de agosto de 2015

Un "Congresito" para un "Gobiernito"



Pintoresco, como todo en este régimen de Colombia, ha sido la propuesta de Juan Manuel Santos para aprobar o no los mal llamados acuerdos de paz con los terroristas de las FARC, diálogos que se llevan hace casi tres años en La Habana. El Gobierno sigue haciendo el papel de consueta del show de las FARC, quienes buscan como único fin, impunidad absoluta y la llegada al poder para establecer el fracasado Socialismo Castro-Chavista del Siglo XXI. 

Suena además gracioso que quieran llamarlo "congresito", utilizando el mismo modus operandi del Ministro de Defensa cuando dice que hay que desescalar el lenguaje contra los terroristas y grupos armados ilegales. Ministro que se muestra en el Congreso de Colombia como un bravucón, grosero e irrespetuoso además de manoteador, tratando de intimidar la oposición democrática, y en contraste se mantiene sumiso y complaciente con los narcoterroristas de las FARC.

Ese diminutivo gracioso de “congresito”, lo que realmente pretende es castrar la democracia colombiana.

El congreso elegido en marzo de 2014, contó con el apoyo de millones de colombianos que salieron a votar para escoger a líderes que los representara en la rama legislativa. Aunque existieron cientos de problemas, fraudes, compra de votos, intimidación a candidatos, entre otros, al Congreso se le reconoce su legalidad y trabajo para legislar sobre los destinos del país.

Las cosas hay que llamarlas por su nombre: Las FARC son terroristas, no senadorcitos; son reclutadores de menores, no legisladorcitos democráticos; son narcotraficantes, no defensorcitos de los derechos de los colombianos. Ya es suficiente tener algunos políticos que en el Congreso legislan y debaten a favor de las FARC, como para tener que recibir los cabecillas para que legislen sobre el futuro de nuestro país.

Los colombianos no podemos aceptar las propuestas equivocadas e improvisadas del Gobierno de Santos. Este ha sido un régimen que con el pretexto de las negociaciones con terroristas en Cuba, ha pisoteado la Constitución Política de nuestra Nación. Las FARC deben pagar cárcel, aceptar sus culpas de todos los delitos atroces que han cometido y reparar sus víctimas. El premio no puede ser un “congresito” o una comisión en el Congreso actual; esto, es un mal ejemplo para quienes hacemos política de manera legal y decente y un pésimo precedente para las futuras generaciones.

Colombia requiere un verdadero Presidente que sea comandante en jefe de nuestras Fuerzas Militares y líder de todos los colombianos, no un “presidentico mentirosito” complaciente con los terroristas de las FARC.




miércoles, 20 de febrero de 2013

Política electoral


En el año 2002 el país demostró con su alta votación en la primera vuelta de las elecciones a presidente, que la seguridad era el tema primordial para los colombianos. Un país al borde del abismo, sin presencia institucional en más de la mitad del territorio,  reemplazada por grupos criminales, una desconfianza de la ciudadanía generalizada y una nación llamada “Estado Fallido” internacionalmente nos llevó a elegir al candidato que tenía el discurso de la Seguridad Democrática. En el 2006, sin precedentes en la historia del país, fue reelegido en primera vuelta, pues los ciudadanos sabíamos que Álvaro Uribe había recuperado la confianza en los colombianos y la seguridad tenía una tendencia de mejoría.
Al final de los ocho años de gobierno, en el 2010 el país tenía una presencia internacional muy importante, nuestros aliados eran los Estados Unidos de América, Inglaterra, Israel, Chile y una gran cantidad de democracias alrededor del mundo; quienes apoyaban nuestra lucha contra el terrorismo. Las farc no tenían casi presencia en Europa, y sólo lograban refugio en países manejados por tiranos como Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua. Colombia entera salió a las calles y votó por la continuidad de unas ideas políticas que tenían a Colombia con un futuro prometedor, como lo dijo el mismo Álvaro Uribe: “No dejé un paraíso, pero si un país en buen camino.” Así entonces el país, como nunca antes visto en la historia reciente, eligió 3 veces consecutivas una plataforma igual, que dio resultados  positivos para el bienestar de todos los ciudadanos colombianos.
Sin embargo, Juan Manuel Santos decidió traicionar a su electorado y cambió esas políticas que lo eligieron. Hoy el país está aterrorizado por la creciente amenaza terrorista de las farc, con incertidumbre en el desenlace de una negociación oscura y mentirosa en Cuba entre los bandidos y un gobierno mentiroso, y con una desconfianza a niveles iguales a los del 2001 en temas sociales, económicos y políticos.
Es por ello que Colombia nuevamente tiene la oportunidad de volver a votar por las políticas de Seguridad Democrática, Cohesión Social y Confianza Inversionista. Plataforma política exitosa, confiable y necesaria para la verdadera prosperidad de nuestra nación que tanto deseamos. Pero esto se podrá lograr no reeligiendo a Juan Manuel Santos, quien ya demostró que no defiende ni promueve estas políticas, además por su deslealtad. Ahora debemos apoyar al Centro Democrático, su candidato presidencial y la lista al senado que posiblemente será encabezada por Álvaro Uribe. El país está preparado para volver a reelegir una plataforma política con los líderes que la encargan y son leales a ella.
Colombia no aguanta más mentiras por parte del Gobierno de Santos, no soporta el cinismo de los discursos hipócritas de los terroristas de las farc desde Cuba mientras asesinan a niños, ciudadanos y miembros de nuestras Fuerzas Militares. El país se cansó de los medios de comunicación que ungidos de mermelada tapan la realidad y le hacen juego al gobierno y los terroristas.
La ciudadanía se está pronunciando por las redes sociales y las calles del país y se prepara para las elecciones del 2014. Allí nuevamente se demostrará que el urbismo está más vivo que nunca y que está dispuesto a recuperar el rumbo perdido con política participativa y representativa. Pero sobretodo es la oportunidad de utilizar nuevamente la política de Seguridad Democrática, que es la única que ha logrado un país más pacífico y esperanzador.
Publicado en Revista Posción, Febrero 14 de 2013